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30 AÑOS DE RIAZOR BLUES

DE LA CABRA A «CAPONATA».

Es imposible no ligar la existencia de Arsenio Iglesias a la de los Riazor Blues
El flechazo entre los más jóvenes y el “viejo”se produjo en el 91 tras el penúltimo partido jugado en Valencia. Al técnico le emocionó ver a unos muchachos que se cruzaban el país para animar al equipo, un gesto para él más heroico todavía, si se comparaba con la tradicional frialdad coruñesa. Arsenio se acercó a ellos para interesarse por su estado y el viaje que se habían dado.
Los chavales jamás olvidaron el detalle.
“Esos descamisados que duermen en las cunetas para venir a apoyarnos aquí, esos “neniños” se lo merecen todo”, llegó a decir o Raposo de Arteixo. Y por Dios que si lo dijo, lo sintió.
En el verano del 94 celebraron una fiesta en su honor. Entre los más jóvenes, Arsenio no se sentía especialmente incómodo. “A mí los homenajes no me gustan nada, pero vine porque me lo pedisteis los nenos y no me podía negar.” Cuando se acercaba su jubilación, los Riazor Blues hicieron una colecta para comprarle una placa que le entregaron en su último partido en Riazor. Ese fue su único acto de homenaje. Al acabar el partido miles de muchachos se quedaron en las gradas para decirle adiós. El resto del estadio estaba vacío.
Como si de almas gemelas se tratase, el Zorro llegó a sentirse, como un día se sentirían sus nenos. Cuando sus amigos le preguntaban
-Arsenio ¿como estás, home?
-Como un can, soliño como un can, nadie vaticinaba que los Blues, llegarían a sentirse de la misma manera….

Los Riazor Blues nos hablan de sentimiento, de orgullo, de lealtad, nos hablan de familia. Una familia a la que nunca se le debe dar la espalda. Una familia que canta unida y, al hacerlo, se mantiene unida ya por siempre. Pero los Blues son mucho más que cantos. Ellos convirtieron sus cánticos en oraciones y, en cada uno de ellos, dejaron escapar su alma. Muchos de ellos, fueron verdaderos lamentos. El credo de Riazor hecho canción para un equipo, un club y una aficion. Hablar de Blues fue como hablar de Dios. Pero no eran Dios. Eran chicos con una filosofía de vida, con una forma de vida, que consistió en darlo todo por los suyos. Pero que, cuando precisaron ayuda, a punto estuvieron de morir solos, apaleados, como perros abandonados, por su propia familia, la que construyeron, por la que vivieron y a la que adoraron. Cómo si no bastará con su alma, como si hasta sus propias vidas tuvieran que ser un blues. Y es que, definitivamente,
más allá de sus expresiones artísticas (porque efectivamente son ARTE). Más allá de las canciones, de los actos benéficos, de los Tifos, de las reivindicaciones, de los viajes…. más allá de todo ello, ocultos en un segundo plano, haciendo que sean sus obras las que hablen por ellos, están los Blues. Y, son ellos los que sufren el desgaste, los que llevan el peso de todo esto, los que van dejando pedazitos de su alma en sus actuaciones, actuaciones tan increíblemente excepcionales que, si no son lo suficientemente buenas para los que se dedican a recoger aplausos y méritos que no les corresponden, pueden hacer que despierten un día vacíos. Eso les sucedió a los Blues, el día que gran parte de los suyos, les dieron la espalda. El día en el que se vieron transportados a otro mundo, un mundo donde el hombre no es distinto al perro. Un mundo del que supieron salir, apaleados hasta el escarnio, por unos medios de comunicacion que los criminalizaban ante los ojos de una sociedad ciega y ansiosa por ejercer de verdugo. Pero olvidaban que el territorio doliente y cenagoso de nuestros Riazor Blues siempre fue una república popular, un país donde manda el comunismo de las camisas sudadas y las entrañas reventadas por intentar dar vida a una pasión y, defenderla, por encima de todo y de todos. No hay posibilidad de ser uno de ellos si tienes la vida resuelta. No son frívolos, ni mercenarios, no se venden por nada ni por nadie. Defienden a los suyos con lealtad, con uñas y dientes, hasta el final. Aunque para ello tengan que enfrentarse a cualquier diabólica dictadura dotada de una dentadura llena de malas intenciones.

Con el paso de los años, seguramente se cometieran errores y excesos pero, si lo fueron, fueron errores por los que pagaron y, lo que es seguro es, que muchas veces, incluso demasiadas, no fueron tratados como se merecen, sobretodo en su casa, en su templo, en su estadio, en Riazor. Un Riazor donde demostraron que han sido, son y serán siempre, los mejores y más genuinos deportivistas. Un Riazor que llora partido tras partido, al ver a esos chicos pidiendo #xustizaparajimmy . Aullando como perros malheridos, en un mundo de locos que no les da su lugar, ni sus derechos. Un mundo de locos que intentan lograr lo que nunca van a conseguir, robarles su identidad, sus principios, su memoria, y su historia. Una historia escrita con sudor y lágrimas y acompañada de una banda sonora de cánticos que a menudo cantan en castellano aunque su alma siempre fue, es y será gallega. Como gallegas son muchas de sus banderas, izadas en medio de ese pluralismo que forman sus distintas secciones. Secciones que cantan juntas como hermanas, dando vida a lo que son, una verdadera familia: LOS RIAZOR BLUES.

Ni que decir tiene que llevan más de 30 años animando a su Deportivo, a nuestro Dépor. Y que, durante todos estos años, han practicado multitud de actos solidarios como la recogida de alimentos, ropa, juguetes…. para las personas más necesitadas. Ellos son así, desinteresados. En un mundo que va mucho más a allá del fútbol, sobretodo si se compara con este fútbol moderno que intenta someterlos y que no mira más allá de su ombligo….

Los Blues nacieron en el 87 para acompañar al Real Club Deportivo de La Coruña en la que sería la etapa de mayor gloria de su historia, bajo la presidencia de Don Augusto César Lendoiro. En aquel momento , el equipo blanquiazul no contaba con un grupo de aficionados organizado y estructurado que viajase con la plantilla para animar en los
partidos a domicilio. Pero en el 1986, en un partido jugado contra el Oviedo en Tartiere, en el que el DÉPOR se jugaba el ascenso a Primera, el ayuntamiento herculino puso a disposición de los aficionados varios autobuses gratuitos para acompañar al equipo en un partido tan importante.
Más de tres mil personas viajaron con​ el Deportivo en aquella cita. La fiesta no fue completa porque el equipo perdió 1-0 con polémica arbitral incluida, pero lo mejor de aquel viaje fue que a un grupo de jóvenes aficionados les quedó un sabor de boca tan dulce tras esta experiencia que empezaron a pensar en repetir la excursión pero ya como un grupo organizado. Este grupo de aficionados, que poco tiempo después se convirtió en los Riazor Blues, viajó con la peña Barrio Sésamo, el único grupo de deportivistas organizado que había en A Coruña en los años ochenta. Con esta agrupación blanquiazul, el futuro núcleo de los Blues recorrió media España. Fueron testigos de la transformación del club, entonces en segunda. Vieron crecer a un equipo, que hasta entonces deambulaba con más pena que gloria, ganar el primer título de su historia en 1995, la Liga del 2000, el Centenariazo de 2002 o llegar a las semifinales de Champions en 2004. Con el presi Augusto al frente del club, la peña tenía en los bajos del estadio de Riazor un habitáculo para guardar todo tipo de pancartas y banderas con las que animaban al equipo. Hace años que, no sólo no cuentan con dicha habitación, sino que continuamente el club es multado por permitir la presencia de pancartas , con su seña de identidad. Los tiempos han cambiado, y el fútbol ha perdido sus valores, pero en la CURVA de Riazor, nuestros Blues se resisten a entregar su alma a un diablo, disfrazado de Comisión Antiviolencia. Los peores momentos, como el asesinato de Jimmy y todo lo que vendría después, no consiguieron acabar con el espíritu de los verdaderos Blues, aquellos que ahora vuelven la mirada atrás y recuerdan emocionados el mítico bar de Chicho o la primera excursión a Vigo. Cuando el fútbol antidemocrático de Tebas era inimaginable. Como lo sería el hecho de que, tras ser sorprendidos por una emboscada de corte fascista, apaleados con postes, maderos y vigas (que no viajaban en su autobús) los Blues vieran como uno de sus integrantes era asesinado, a manos de una multitud armada que los triplicaba, en el Paseo de los Melancólicos, cerca del estadio Vicente Calderón​.

Y, es que, en el estado democrático en el que vivimos, las leyes no son igual para todos. Porque si, como dice la Constitución, “Es reo de asesinato el que matare a otro con alevosía o con ensañamiento, aumentando deliberada e inhumanamente el dolor del ofendido. El asesinato se puede cometer también en grado de conspiración.”, es más que evidente que a Jimmy lo apalearon salvajemente y luego lo sumergieron en agua helada durante su agonía. Asimismo se intentó, al menos, otro asesinato (grado de tentativa), aunque en este caso el coruñés consiguió ser rescatado de las aguas. Y , en todo esto, los verdugos actuaron en forma fría y mecánica, dada su gran superioridad.
Sin embargo, como todos sabemos, las consecuencias de los hechos fueron: 4 detenidos del grupo que amparaba a los asesinos; 16 del grupo coruñés (los prófugos que intentaban evitar su asesinato); una grada del coruñés estadio de Riazor cerrada y la destitución ecuánime de un responsable de cada uno de los clubs implicados. La absolución de los culpables y la sentencia de no-asesinato por parte del juez.

Un asesinato solo se cierra con un juicio y una condena a muchísimos años. Los Blues lo saben. Y, por eso, no se conforman. Por eso seguirán pidiendo #xustizaparajimmy. Esta es sin duda la canción que nunca hubieran deseado cantar. El blues más triste que jamás soñaron. Pero lo seguirán cantando, por mucho que les tiemble la voz de la emoción. Como una verdadera oración, mientras alzan los ojos al cielo, con verdadera fe . Ellos nos necesitan. Más que nunca. Debemos estar a su lado, dando la cara por la familia. Dejándoles claro que nosotros no vamos a permitir, tampoco, que caminen solos. Porque, al igual que los BLUES,

JIMMY, HERMANO, NOSOTROS NO OLVIDAMOS.

Pero sobretodo, porque la lealtad, con lealtad se paga, y nunca se le da la espalda a la familia. Y los RIAZOR BLUES lo sois. Estamos juntos en esto y pobre del que quiera robarnos la ilusión.

VOSOTROS CANTÁIS Y CONTÁIS PARA NOSOTROS. SEMPRE.

 

Un comentario

  1. Rafael Pedreira

    6 noviembre, 2017 at 7:44 pm

    Vergoña seguir facendo o xogo os Riazor Blues como se foran irmanciñas da caridade.Xa esquecemos as liortas cos Ultra Boys, a cacería que fixeron os do Valencia no paseo maritimo, a destrucción do Restaurante o pescador, as trifulcas en Ferrol cos destrozos na Malata. Que conas me contades de esta xentuza

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