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La resaca del derbi

El derbi nos deja bastantes pinceladas; la mayoría de ellas, no tan positivas como desearíamos para el conjunto deportivista. 

Como ya se ha comentado en no pocas oportunidades, el Celta ya hace tiempo que es fiel a un estilo en el que se encuentra cómodo y a gusto. El primero que lo plasmó en esta época reciente desde el banquillo fue Eusebio Sacristán y sucesivamente Paco Herrera, Luis Enrique y ahora el Toto Berizzo, con el paréntesis momentáneo de Abel Resino que jugaba a otra cosa, se encargaron de mantenerlo. Aún no han llegado los títulos, pero eso es mucho pedir en el fútbol de hoy en día con tantas diferencias presupuestarias entre los más poderosos y el resto.

Por otro lado el Dépor, justificándose de forma oficial casi siempre con el manido tema de la “precariedad económica”, sigue dando tumbos en lo estrictamente deportivo sin un horizonte claro y sobre todo sin esa idea de juego definida que hace tanto que se añora desde las gradas de Riazor.

Este domingo fue una muestra más de ese sinsentido. Los resultados, está claro que están por encima de todo en el fútbol profesional, pero el buen aficionado, el que quiere a su club de verdad, necesita sentirse identificado con un proyecto o un plan de juego…porque lo otro: la improvisación, los tumbos, la poca o nula confianza en los entrenadores y el tenerse que reinventar a cada rato, tampoco son garantía de éxito.

La temporada en general vuelve a ser aciaga y aunque sabemos que salvar la categoría es el único objetivo, esto no puede esconder un cúmulo de despropósitos. Únicamente las trayectorias desastrosas de Osasuna y Granada y la no menos lamentable del Sporting hacen que las preocupaciones no sean todavía mayores.

En el ejercicio pasado, Lux, Sidnei, Mosquera y Lucas Pérez resultaron fundamentales para una primera parte más que notable que fue decayendo. Este año con Lucas lejos, los otros tres no han tenido esa regularidad ni continuidad por diferentes motivos. Nadie ha venido a resultar verdaderamente importante o trascendente salvo chispazos de Emre Çolak que no han pasado de eso: destellos intermitentes.

La llegada de Gaizka Garitano después de la salida por la puerta pequeña de Víctor Sánchez fue muy discutida desde que puso un pie en Alvedro y aunque no era la alegría de la huerta en cuanto a convencimiento se refiere, es verdad que no tuvo ni pizca de fortuna en momentos puntuales. Sus planteamientos fueron muy discutidos y sus cambios en general, poco afortunados. Su empecinamiento por no aprovechar bien a la plantilla otro de sus errores capitales. Sólo los tres partidos frente a la Real Sociedad, Real Madrid y Osasuna le dieron un tiempo extra pero estaba condenado hacía tiempo pese a quien lo negaba sistemáticamente.

La llegada de Mel parece una decisión más presidencialista que de la dirección deportiva. Cabe recordar que por poco no sustituyó ya a Víctor Fernández y si era opinión casi unánime que hacía falta un revulsivo en el timón, veremos con el tiempo si la decisión del nuevo inquilino del banquillo fue la acertada.

Ganar el partido del Molinón puede resultar decisivo por la competencia en la tabla pero rozó la casualidad. Sumar frente al Betis siguió dejando incertidumbre pero la sorprendente victoria al Barça sí llenó de moral a todos como un espejismo y cambió de forma radical el decorado y el partido con los olívicos. No era un partido de urgencias. Todo lo contrario, el partido perfecto para dar un golpe definitivo a ese aspecto psicológico del que tanto se habla. Nefasta premonición.

La alineación inicial ya dio la impresión de querer contentar y formar sí o sí con Álex Bergantiños y Pedro Mosquera. A priori no está mal, pero todo se cae cuando además incluyes en la misma a Celso Borges y la propuesta en el campo es la renuncia del juego combinativo por uno tan directo, donde la elaboración en el medio del campo brilla por su ausencia para poner balones largos como única intención. Por lo que se vio, flaco favor al de la Gaiteira…y peor aún a Borges situado por momentos de media punta o enganche, al que no se le puede negar su trabajo y esfuerzo pero no está pero inhábil para eso por sus condiciones.

A partir de ahí, el equipo además se posiciona muy replegado: Joselu se cansa de disputar balones y prologar pelotas para que aparezca una segunda jugada. Con la posición ya mencionada de Borges obligado a recibir de espaldas, todo el caudal ofensivo queda para un desborde por la banda de Bruno Gama o una acción de dos contra uno con Juanfran. Las llegadas desde segunda línea inexistentes, salvo una tímida ocasión de Alex y la escasa profundidad que dio Fajr, atascaron más y más el juego.

Defensivamente muchas precauciones dejando mucha gente por detrás de la línea que marca la pelota para no verse sorprendidos por las rápidas transiciones del Celta. Se corrió bien hacia atrás cuando hizo falta, una señal más de que el planteamiento fue cuanto menos conservador.

Todo esto aún es menos entendible a partir de los cambios: Borges se mantiene todo el partido en la misma posición, se cambia a Joselu referencia de ataque y a Bruno Gama, el único que percutió algo por la banda de Jony, que no hay que olvidar juega a pierna cambiada. Además con Andone en el banquillo, Carles Gil o el propio Çolak, entre otros, parecía que había fondo de armario suficiente y alternativas diferentes para ir de verdad a por el partido mucho antes. Otro error de Pepe Mel, te puedes equivocar en el planteamiento pero tienes tiempo y armas para corregir. Se mostró dubitativo y sin recursos para cambiar la dinámica.

Finalmente el post-partido. La explicación posterior a la prensa, que no podemos olvidar que es para el público en general parece tribunera y pobre. Un profesional que se precie no puede resumir un partido de está importancia en una escueta frase: “Aspas acertó una y Borges falló otra” se atrevió a decir. Ya con los dos Víctor: Fernández y Sánchez se daba la paradoja habitual, de que ellos veían un partido y trataban de convencer al respetable que habían visto otro.

Pronto para empezar ya con estas artimañas, estimado entrenador.
En definitiva una derrota sí se puede aceptar. Algo que entra en las posibilidades de cualquier juego.

Pero el público y la afición de Riazor que tanto ha sufrido, también ha vibrado con su equipo e incluso ha visto un equipo campeón y que ha sido un orgullo por Europa adelante.

Cuidado que algo de esto entiende.
Se puede ganar o perder, pero el orgullo de cómo hacerlo también es importante y decisivo. Demasiado tiempo ya siendo un barco a la deriva y con un fútbol que representa a muy pocos. Mínimas alegrías para tanto respeto y dedicación de la mayoría.

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