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Mis reflexiones

Llega el parón Navideño y es un buen momento para establecer una reflexión sobre la primera parte de la competición.

En lo que respecta al primer equipo, catorce alineaciones diferentes en las primeras catorce jornadas con un juego triste y anodino, sin plan estratégico claro y buscando una y mil excusas dieron un giro radical; como en los videojuegos, cuando parecía que Garitano se quedaba sin batería y prácticamente sin vida deportiva, el día de la Real Sociedad todo cambió después de que se hiciese exactamente lo que la mayoría de los aficionados estaba pidiendo a gritos: poner juntos a los futbolistas de mejor pie. A partir de ahí el equipo, desde la gestión del balón y sintiéndose protagonista, se empezó a reconciliar con una afición que desde hace casi veinticinco años se identifica con ese tipo de fútbol que le produce emoción y cuya continuidad se quebró cuando se fue Irureta del banquillo (con los primeros actores que dirigía acompañándolo también) y aunque ya más anclado en la nostalgia con las últimas tardes de Valerón desde el terreno de juego.

La salida al Bernabéu en un partido donde el Madrid, más pendiente del Mundialito, prestó poco respeto ya desde la alineación inicial, sirvió para redoblar la moral de la afición, pese a la derrota in extremis.

La victoria sobre el farolillo rojo de la categoría repitiendo once por tercera vez consecutiva, en un partido calificado por la directiva como “crucial y decisivo” para poner tierra de por medio, sirvió para que el cuerpo técnico pueda comer el turrón tranquilo, sobre todo por dejar debajo de la línea de agua al menos a tres equipos desastrosos hasta el momento: Granada, Sporting y Osasuna.

Balance bastante pobre pero que deja un buen sabor de boca final gracias a estas últimas actuaciones pero con un lunar grave añadido: el trato a un símbolo del deportivismo como Alex Bergantiños.

Incomprensible su nula aportación en liga como futbolista de campo después de todas las vicisitudes por las que pasó el equipo.

El partido de vuelta de Copa frente al Betis y la clasificación para la siguiente eliminatoria no hizo más que refrendar este buen momento de estabilidad emocional y buen juego colectivo.

Veintidós partidos para la esperanza y lograr el objetivo de la salvación. Algo que es la mejor noticia comparando como estaban las cosas hace apenas un mes donde el único plan era la recuperación de Joselu y los refuerzos del mercado de invierno.

El Dépor B, en teoría referente e iceberg de la política de cantera con un presupuesto estratósferico en relación al resto de sus oponentes y a nivel de los importantes de 2B también fue enderezando el rumbo, más por demérito de los rivales que por actuaciones o mejoría propias. A alguno le encanta disfrazar la realidad endulzando los números. Lo cierto es que en este escenario, no quedar campeón de grupo sería un rotundo fracaso. Ascender o no ya es más complicado porque un detalle insignificante te puede dejar en la cuneta, pero toda la inversión en chicos de fuera de Galicia para un equipo hecho a golpe de talonario a imagen y semejanza de su entrenador y con un representante “de favor” trayéndolos a todos de la mano, no justifica en una liga de apenas ocho equipos competitivos de verdad, seis derrotas en la recién finalizada primera vuelta.

Mejorará todo a partir de febrero con toda seguridad, porque la semiprofesionalidad y juventud de los futbolistas así como su calidad en los entrenamientos, contrastará con la caída paulatina de horas dedicadas por buena parte del resto de los rivales… lo que hará que la condición física acabará siendo determinante en la última parte de la competición para desequilibrar la balanza en algo que supondrá una vez más un espejismo.

Lo que ya no tendrá arreglo es el manejo lastimoso de una situación personal con Óscar Pinchi por unas declaraciones inocentes en prensa que se zanjaron con un castigo interno tan inmerecido como injusto.

La presencia del portero Anxo, desaparecido de las alineaciones desde la jornada 10 y las actuaciones de Blas, Hugo Rama, Quique Fornos, Álvaro Queijeiro y el propio Oscar (salvo estos dos últimos de forma más que regular, el resto con discontinuidad) resume la aportación coruñesa y gallega a este equipo desarraigado de la tierra desde su formación.

Es una incógnita que va a pasar en el mercado invernal con chicos como Hugo Díaz, Alberto Leira, Álvaro Naveira, Angel Fernández o el propio Hugo Rama incluso… todos ellos ya con tiempo en el club y que por unas razones u otras están negociando salidas pactadas o pensando en plantearlas al ante la más que patente falta de oportunidades.

El rendimiento en la clasificación es importante para mucha gente.
En la política de cantera, pensar sólo en este objetivo por encima de todo, está minando la paciencia de buena parte de los futbolistas de la plantilla que desde hace tiempo han defendido el escudo que quieren con orgullo y dignidad.

Lo que se está haciendo con ellos y el ejemplo que se les está dando a los que vienen detrás es algo tan nefasto como desolador. Esta es una losa que va a costar mucho tiempo levantar principalmente porque el criterio es nulo y la dirección a la que se va inadecuada.

Ojalá que en algún momento los que mandan se den cuenta de semejante despropósito que además está cortando de raíz la ilusión de los más jóvenes y de quiénes tendrían que ser la base de la pirámide. Algo que una vez perdido, será muy difícil de recuperar desde el punto de vista de la credibilidad, desde dentro y también desde fuera.

A ver si de una vez…alguien le pone remedio.

2 Comments

  1. xogo brutal

    24 diciembre, 2016 at 5:46 pm

    siempre es un placer leer artículos tan sensatos y cabales 🙂

  2. Mis reflexiones – Sporting Deportivo

    27 diciembre, 2016 at 10:02 am

    […] Fuente : http://somosdepor.com/?p=35449 […]

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