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Cantera y ruina

La confirmación del descenso del Fabril a tercera división ha confirmado que el proyecto deportivo de la entidad está en entredicho. Además, la salida inminente de Quique Fornos es la guinda al pastel de una temporada desastrosa que escenifica el ridículo más espantoso a nivel deportivo de cantera.

Que el Deportivo no ha sabido gestionar su cantera es algo obvio. En la última etapa moderna del club, las “semillas” de Abegondo han llegado con cuentagotas a la élite. Y su permanencia ha sido tan efímera como las gotas de rocío en la mañana. Por encima de cientos de proyectos de jugador ha permanecido en la memoria y en la historia deportivista un único icono. Fran ha sido el único “one club man” del último cuarto de siglo. Su rendimiento deportivo vale cada peseta pagada al Real Madrid tras su intento de fichaje por el club merengue. El de Carreira-Riveira (A Coruña) es el jugador que más partidos oficiales ha disputado con la camiseta deportivista (700) y uno de los tres que ha ganado los seis títulos oficiales que tiene el RC Deportivo en sus vitrinas. Récord de partidos en Primera (435) y en Europa (66) junto a Valerón. Casi dos décadas vistiendo el ‘10’ blanquiazul. Casi nada.

Tras él, una legión de proyectos frustrados. Tiempo y dinero gastado en una cantera que, por distintos motivos, no ha llegado a ocupar el perfil de jugador necesario para la entidad y la afición. Cientos de nombres se podrían documentar. Ni los David, Maikel, Aira, Padín…pudieron mantenerse en la plantilla en su lucha con las míticas estrellas del “Super Dépor”. Con la llegada de la ley Bosman y el emergente Dépor de Irureta, las rebosantes plantillas supusieron la peor historia del club a nivel de cantera. En bonanza económica todos los fichajes del conjunto gallego venían de fuera y ningún integrante de la cantera, excepto el capitán Fran, pudieron asomarse al primer equipo. A nadie le importó, dados los éxitos deportivos logrados. Pero en ese momento el club perdió una enorme oportunidad para elevar el enorme talento de la cantera gallega y poder utilizar un recurso que le sería muy útil en el futuro.

Tras los momentos de gloria comenzó la época oscura y la falta de liquidez supuso que los Xisco, Piscu, Lassad… aparecieran en el verde de Riazor. Pero esa misma falta de poder económico y las malas relaciones con los representantes de la época, hizo que su estancia fuera efímera en el césped de Riazor. A esto le unimos fracasos en la formación sonados, ejemplificados en el caso de Rochela o Nano. El talento se escapaba de Riazor y las esperanzas puestas en aquellos chavales que se asomaban a las categorías inferiores de la selección española, se esfumaban año tras año.

La época dorada de la cantera deportivista llegó con la peor época deportiva y económica del club. Sin medios, Fernando Vázquez dio poderes a los Insua, Álex Bergantiños, Juan Domínguez… Que le devolvieron la confianza con un más que meritorio ascenso y supusieron varios reconocimientos individuales. En aquella plantilla aparecieron: Laure, Seoane, Insua, Uxío, Deák, Quique Fornos, Álex Bergantiños, Juan Domínguez, Juan Carlos, Bicho, Teles, Cañi, Luís Fernández y Dani Iglesias. Catorce canteranos que, en mayor o en menor medida, ayudaron a lograr un éxito deportivo con el que se podría haber sentado las bases de un proyecto de cantera firme. En este grupo aparece el nombre del protagonista de las últimas horas. Un jovencísimo Quique Fornos debutaba en Copa contra el Córdoba, marcando un penalti en la interminable ronda final. Todo con dieciséis años y un futuro ilusionante.

La llegada a primera supuso la falta de continuidad de la gran mayoría, pese a que sus sustitutos no rindieron al nivel mínimo exigido. La falta de resultados deportivos y la ausencia de un proyecto real de cantera, la fueron pagando los entrenadores de éstas últimas fechas. Las salvaciones “in extremis” y la necesidad de fichar para ilusionar a la afición hicieron que el olvido por los fabrilistas se hiciese mayor. Incluso a los pocos elegidos se les “invitó” a salir. Los Laure, Álex Bergantiños, Juan Domínguez… fueron desfilando por la puerta de atrás, con el consiguiente enfado de buena parte de la afición. 

Y así hasta el ejemplo que nos ocupa. Quique Fornos (aunque podría sustituirse su nombre por muchos otros) abandona el Dépor. Debut en segunda con sólo dieciséis años. Capitán del Fabril y convocado por la selección española sub17. Y cinco años después no es válido para segunda división en un claro ejemplo de cómo un nefasto proyecto de formación no es capaz de hacer evolucionar un talento emergente y más que válido. 

El Deportivo tiene un problema con su cantera y no es de ahora. Ni Lendoiro ni Constantino Fernández han logrado encontrar la pieza que engrane la maquinaria de la cantera y sea un elemento fundamental de la vida del Club. Con el fracaso del Fabril y el Laracha, unido a las distancias que cada día son más evidentes si comparamos la cantera del Dépor con la de su eterno rival; el conjunto gallego debe acometer una actuación de emergencia a nivel de formación si quiere dotar de identidad y sentimiento a una plantilla del primer equipo que no logra los objetivos marcados ni logra identificarse con una afición que empieza a cansarse de una situación insostenible. 

 

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