El deportivismo no tiene fronteras

El deportivismo no tiene fronteras

La historia del aficionado que os presento a continuación es una de esas historias entrañables, que nos transportan a otra época (la cual, casualmente, nos resulta especialmente familiar teniendo en cuenta los acontecimientos que están teniendo lugar en nuestro país).

Manuel es natural de Oseiro, A Coruña, y, como tantos otros, un día decidió probar fortuna en el extranjero; se dedica desde siempre a la mecánica, y, por aquel entonces, no había mucho trabajo aquí, así que decidió emigrar.

Su primera parada fue Alemania, donde pasó varios años antes de volver a buscar fortuna (esta vez en la que sería su residencia definitiva, Australia, -al menos por ahora-). Allí aprendió como pudo el idioma y trataba de confortar su soledad recordando su infancia y adolescencia en Galicia. Y, entre sus bonitos recuerdos, estaba el de las tardes en Riazor, aquellas en las que acudía con sus amigos a ver el fútbol y en la que merendaban juntos y se divertían: “nos poníamos cerca del marcador y reíamos a carcajadas, compartíamos merienda y anécdotas viendo a nuestro querido Deportivo”.

La vida lo hizo emigrar de nuevo; Manuel, en busca de nuevas aventuras, viajó entonces hasta Australia. Antes de llegar a su ciudad actual, Sydney, pasó por varias localidades, donde conoció a gente muy diversa: “cuando llegué Australia, conviví con una familia de italianos. Tenían una hija muy guapa a la que me gustaba llevar al baile y a la que, incluso, seguí viendo más adelante”. Pero a Manuel la fortuna le deparaba una compañera de viaje diferente, con quien comparte, entre otras cosas, su afición al fútbol. Margaret, mujer de Manuel, inglesa de nacimiento y fan incondicional del Stoke City sigue habitualmente los partidos de su equipo y su sueño es que, algún día, Dépor y Stoke City se midan las fuerzas en el Torneo Terresa Herrera.

Ella lo tiene más fácil en cuanto a los horarios, pero Manuel, en cambio, tiene que madrugar mucho para poder ver los encuentros del Deportivo: “muchos días, me tengo que poner el despertador a las 2 am, aunque, la verdad, un rato antes ya estoy despierto. Siempre que juega el Deportivo me pueden las ganas.

La diferencia horaria hace que sea muy complicado fundar una peña deportivista, ya que, aunque en Sydney existe el Centro Gallego, no es factible realizar ese acto tan normalizado de acudir a un bar o cualquier otro tipo de sede a ver los partidos, ya que, generalmente, allí coinciden nuestros partidos de madrugada: “me gustaría mucho poder reunirme con otros aficionados y aficionadas residentes en Australia para poder ver algún partido, pero tendría que ser en diferido, ya que en directo siempre coincide a una hora en la que resulta imposible.”

Manuel recuerda con cariño la época dorada del Dépor. “Fue la época en la que realmente me enganché al Deportivo, porque, aunque de joven acudía a Riazor, vivía el fútbol de una manera diferente; a partir de ahí, fue cuando empecé a ver todos los partidos desde Australia.”

Aunque ahora apoya también al equipo pese a los momentos difíciles, es crítico con la situación: “al Dépor sólo lo puede salvar el dinero. Es la única solución. La marcha de Lendoiro era necesaria, pero, sin alguien que invierta dinero en nosotros, vamos a estar en la cuerda floja mucho tiempo.

Margaret y Manuel viajan a Europa para visitar a la familia de Galicia y Reino Unido cuando les es posible, y, durante sus visitas, no suele faltar una escapadita a Riazor: “es una sensación maravillosa, la de volver a ver un partido del Dépor en nuestro estadio”, apunta Manuel. En esta ocasión, no tuvieron mucha suerte con el partido que presenciaron, ya que era el encuentro que enfrentaba al Dépor contra el Real Madrid y de cuyo resultado no viene al caso hablar, ya que lo importante para Manuel y Margaret fue compartir una estupenda velada entre amigos, amenizada con vino, pulpo y jamón tras finalizar el encuentro.

Ésos son los pequeños valores del deportivismo que tanto han acompañado a Manuel en la distancia y que hacen del Dépor y de su afición un sentimiento único.

Claudia de Bartolomé.

(En la imagen, Manuel y Margaret durante su última visita a Riazor.)

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