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El engaño de que el fútbol femenino no genera





Hace unos meses, en febrero, viajé a Manchester. Si un futbolero va a Inglaterra tiene que, por norma, ver un partido. O al menos un estadio. Cuando yo volé a tierras inglesas, en la zona, jugaban el FC United Of Manchester, el Manchester City, y los equipos femeninos de los Sky Blues y de los Red Devils.

Me decanté por el Manchester City – Chelsea, a las 11.00 de la mañana (creo) en el pequeño estadio colindante al Eithad. Aquel fue un partido muy especial para mí. Ese ManCity – Chelsea, bajo un frío invernal terrible, calmado por un perrito caliente y un agua que no necesitaba nevera fue el primero de todos. 2-2 en un encuentro frenético que parecía decidido al descanso (2-0). Conservé el programa como un tesoro. Porque lo es y, en el futuro, lo será.

Aquel día, y en los siguientes, le di vueltas a una pregunta que a día de hoy resuena en mi cabeza. Después de ver la superioridad táctica, técnica y física de Jill Scott solo quería hacer dos cosas: replicar su juego con el mando de la play, y ver más partidos suyos. Sabía quién era, pero en directo imponía más. Pero a Jill Scott en su Manchester City no la puedes dirigir en el Fifa o en el PES, y no la puedes ver, salvo mundial de por medio, salir asiduamente en la tele. ¿Por qué? Porque no interesa. Pero, ¿a quién no interesa?

Cuando pasas por la facultad hay una pregunta incontestable: ¿Quién manda en la programación? ¿Vemos lo que nos quieren hacer ver, o hacemos que emitan lo que queremos ver? Y la respuesta, como la vida misma, no es ni blanca ni negra. Es gris. Gris ceniza; se acerca más al lado oscuro, al Imperio.

La programación la marca la audiencia, en una parte, que elige lo que quiere ver. Elige programas de entretenimiento por encima de los culturales, y elige el periodismo basura por encima de la investigación. Aunque, claro, a un alto porcentaje de dicha audiencia tampoco le dan muchas alternativas. Porque aunque internet haya permitido acercar al público medio a un producto más trabajado y exigente, los grandes medios siguen apostando por “lo que funciona”. Lo que quieren que veamos. Y ahí no está el fútbol femenino.

Tras el anuncio de la huelga, me he cansado de leer que el fútbol femenino no genera. Y yo, que soy de darle muchas vueltas a las cosas me pregunto qué es generar. ¿Acaso se puede generar sin el foco mediático? ¿Acaso una jugadora se va a dar a conocer sin una cámara que la enfoque, un entrevistador que pregunte, o un analista que estudie?

Los medios de comunicación venden la mentira de que el fútbol femenino no genera. Y el público, formado por un alto porcentaje de personas que desconocen por completo lo que hay detrás de todo esto, asienten con la cabeza sin rechistar. Y defienden la idea de las grandes empresas. De aquellas que niegan la posibilidad de un fútbol justo. Esas empresas que no ofrecen un álbum, un videojuego, o un programa donde se trate de manera íntegra y correcta este deporte. Que el fútbol femenino (y estoy harto de los apellidos) no genera es una mentira. A ellas, al Dépor, no les dejan hacerlo; no les dejan progresar; no les dejan ser futbolistas. En definitiva, no les dejan generar. Y si no, que le pregunten a la grada de Abegondo, que vibra de emoción en cada balón disputado.

Xane Silveira (@XaneSilveira)

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