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El máximo responsable 

Con el equipo en puestos de descenso, el aficionado cansado de vivir en un estado de frustración permanente y todas las alarmas encendidas, se empiezan a buscar culpables a esta caótica situación.

En el punto de mira se sitúan muchos de los protagonistas de la “familia deportivista” y ya han comenzado a recibir toques de atención. Los entrenadores del primer equipo han sido el blanco fácil para los que les gusta dar estopa y jugar a ser directores deportivos. En los últimos tiempos ningún entrenador ha pasado del suficiente, por no decir que todos han salido despedidos por la puerta de atrás. Primer comodín gastado.

Los responsables de la parcela deportiva, un escalón por encima de los alineadores deportivistas, también han sufrido las críticas furibundas y ya pertenecen a la historia blanquiazul. Fernando Vidal y Richard Barral desfilaron por la pasarela dejando la parcela deportiva huérfana de cabezas pensantes. Comodín número dos entregado. 

Ahora le ha tocado el turno a la plantilla. Del calificativo de magnífica, ha pasado al de limitada en tan sólo 5 meses. Tachados de falta de actitud, de mercenarios, de faltos de forma, mediocres … Y un sin fin de adjetivos que sonrojaría al más pintado. Se han aireado problemas con la capitanía, con las primas, con la falta de forma física, con la incompatibilidad de algunos jugadores… Será por excusas. Otro comodín gastado.

Mi excusa/comodín favorito, el límite salarial. Ríos de tinta, gráficos a todo color, discusiones radiofónicas y tertulias de eruditos han explicado este concepto. El elixir de los mediocres que nunca han competido y que eximen al equipo de las derrotas sufridas haciendo culpable al maldito presupuesto. Otra opción más para desviar la atención y señalar cómo culpable a lo que no lo es. 

La mejor opción, la más usada. Cuantos dolores de cabeza ha evitado la famosa “mochila”. Al menor revés económico o deportivo se la “ha sacado en procesión” y ha servido para que las aguas vuelvan a su cauce. Con sólo insinuar a su hacedor (el “demonio”  Lendoiro), se ha zanjado más de un problema. Eso sí, para alardear de lo bonita que es, ha faltado tiempo y medios. 

Incluso la afición ha recibido palos, de manera sibilina, eso sí. Tratada de manera clientelista y con la miñoca siempre por delante, se le pide unidad y amor incondicional a una gestión que sólo les da sufrimiento jornada tras jornada. Esa afición,  que no hace mucho era reconocida como la mejor y que ha demostrado en mil ocasiones su compromiso y amor a un escudo centenario, ha sido señalada y tachada de violenta. Sin nadie que la defienda ni nadie que de la cara por ella. Sin explicaciones ni perdones por una gestión deportiva que la maltrata día tras día. Nos quedamos sin comodines.

Y en medio de toda esta situación caótica. Hay una figura que, sorprendentemente, aparece oculta. Refugiado en la trinchera, su máximo responsable sigue escondido. Parece cómo si el deportivismo y su entorno hubieran olvidado que su presidente, Constantino Fernández, es el responsable de todo lo que está ocurriendo en el Club. Parece cómo si le interesara que el punto de mira de la ira del aficionado se dirigiera a otros sectores o se centrara en la lucha entre ellos mismos.

La cabeza visible del Dépor y su máximo responsable, que juega a exhibirse cuando vienen bien dadas; tiene la increíble capacidad de desaparecer cuando arrecia la tormenta. Y el deportivismo no se merece esto. Al aficionado blanquiazul no le ha importado fracasar, ha permanecido al lado de los suyos siempre que se haya sido honesto y se haya dado la cara. Y por esto, es en este momento de desazón en el que reclama la presencia y el testimonio de su presidente. Que salga y dé la cara, que aporte soluciones y tome decisiones cómo la principal figura a cargo de la entidad y su máximo responsable. 

El cuento “Que viene el lobo” empieza a tornarse realidad en A Coruña y parece que muy pocos se lo han leído en el Club. Coquetear con los puestos de descenso puede desembocar en una catástrofe que salpicará de podredumbre a todos los estamentos del club. Pero que a nadie se le olvide que la máxima incumbencia es de su presidente, Constantino Fernández. Con los comodines gastados y la afición empezando a buscar a los verdaderos responsables, le sería aconsejable soltar la baraja y empezar a coger el timón de una nave que atraviesa la tormenta sin rumbo ni capitán. 

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