El nuevo rumbo del Dépor

Ante la relativa importancia de las citas que le quedan al Dépor de aquí a final de curso, no son pocas las voces que se centran en la planificación del club para la temporada que viene en la categoría de plata. Un lavado de cara para un escudo que lleva varios años sufriendo revolcón tras revolcón y cornada tras cornada. No obstante, los que llevan las riendas de la entidad no deben pensar en satisfacer a la masa social a corto plazo, sino en colocar unos cimientos que no se tambaleen al mínimo golpe de viento. Por nombre y por historia el Deportivo de la Coruña debe optar por volver a estar entre los mejores lo más pronto posible, pero no a cualquier precio.

Tan evidente es que el Dépor ha regresado de Segunda a las primeras de cambio, como lo es que eso no le ha ayudado a crear una idea de fútbol estable, que le identifique y que le favorezca. Temporada a temporada el esperpento ha sido más evidente, el proyecto más frágil, a pesar de que la fachada parecía más bonita y cara. Los símbolos y referentes se fueron a Las Palmas, Alcorcón, Gijón o Argentina, dejando un vestuario donde no volvió a crecer la hierba, tomado como lección para aquellos que desprecian el valor de la disciplina y de la ética en el deporte. Después, la nada.

El Dépor ha sido casa de acogida para propios y extraños. Varios entrenadores cuya única cosa en común era la profesión. Una portería desguarnecida por la que ha pasado lo más pintoresco y estrambótico de la fauna futbolística, y en la que el arquero que más la ha defendido ha acumulado minutos pero no buenas inervenciones. Esta temporada será recordada, entre otras muchas cosas, por las bromas a costa de Tyton y Pantilimon, el breve recorrido de Francis como escudo de críticas de Pepe Mel o la fugaz aparición de Koval, que perdió la sonrisa al mismo tiempo que el deportivismo perdía la paciencia.

El club gallego perdió la identidad mucho antes que la categoría, y recuperarla debe ser una de las prioridades a establecer antes de septiembre, porque caerse está bien siempre y cuando te ayude a mejorar y a aprender de los errores. Aprender de la inacción en los períodos de fichajes, de catalogar a las incorporaciones de “interesantes” a sabiendas que no mejoraban el plantel, a dejar de lado el éxito en determinadas parcelas para volver al fútbol, que a fin de cuentas es lo que llena los estadios y da oxígeno a la institución. En definitiva, a tomar las riendas del proyecto ahora que aún estamos en el primer sótano y llega algo de claridad.

Quedan tres jornadas de competición donde hay que visitar Balaídos, día en el que la única que se juega algo es la afición, que es la que porta el escudo como suyo y la que le duelen las afrentas recibidas más que a nadie. Después sólo Valencia y Villarreal, nombres que inspiran tristeza y alegría a partes iguales en el final de la travesía, por seguir con el desastroso símil de los marineros. Y después, la liga de los veintidós equipos. Catapulta para volver más fuerte que nunca o sumidero donde ir desgastando los colores paulatinamente. Son los responsables de todo un Deportivo de la Coruña los que deben decidir qué camino quieren tomar.

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