Hágase la luz…

Y la luz se hizo, aunque fuese ya casi sin tiempo. El Dépor volvió a estar al filo del alambre, pero esta vez salió victorioso.

Las dudas se acumulaban en la cabeza de Fernando Vázquez antes de ver al primer equipo oficial esta temporada, pero también entre la prensa y sobre todo los aficionados. Esos que siguen al pie del cañón pase lo que pase, se milite en la categoría que se milite. Y lo más positivo del encuentro estuvo en ellos, casi tres mil animando a su equipo. No son los veinte mil socios, pero al menos es una pequeña representación en medio de una pandemia.

Una temporada en la que nos jugamos muchas cosas, quizá incluso el futuro. No queda sino remar entre todos y empujar, como hizo ayer Riazor.

Y es que el partido, para los que lo vimos vía online en la retransmisión de la gallega, te desesperaba por la mala calidad de la imagen y lo malo que era. El Salamanca esperaba, bien pertrechado atrás, contra un rival que no era capaz de hacerle el más mínimo daño.

El centro del campo con Alex y Borges no dominaba como se esperaba e incluso por momentos se vio desbordado. Los únicos que parecían enchufados eran Keko y Lara, que movían bien el balón por banda.

Aún así el primer gol pudo llegar antes del descanso, pero el Dépor seguía atascando y perdiendo demasiados balones.

Creo que lo que todos pensamos en el entretiempo fue que esto es lo que nos espera de aquí en adelante, equipos cerrados, muy juntitos, y que vamos a tener que estar finos para superarlos.

Pero no éramos capaces. La suerte quiso que en el primer minuto del segundo tiempo el empuje del equipo consiguiera meter un balón a la olla y conseguir el primer gol. Parecía que se abría la lata y quizá si el Salamanca dejase sus tres centrales empezaría a haber huecos.

Pero no lo hicieron, siguieron trabajando, esperando su oportunidad y esta llegó tras un buen saque de falta que paró muy bien Carlos Abad, en el córner siguiente no estuvo tan fino en el despeje y llegó el empate.

Con los cambios el equipo empezó a entonarse. Parecía que Borja Galán y sobre todo Gandoy habían leído el partido desde el banquillo y sabían lo que se necesitaba, pero aún así, seguíamos atascados. Muy pocas oportunidades de gol. Se mascaba el empate, no serían una tragedia, pero sí un mal comienzo.

El Salamanca comenzó a perder tiempo escandalosamente, incluso su portero se fue al suelo milagrosamente. Es el otro fútbol, ese que nosotros no sabemos jugar. Pero en la última jugada, quizá una de las mejores combinaciones del partido, con el empuje habitual de Alex tras una dejada de Miku, el balón llegó a Gandoy que miró, buscó al compañero y centró a la cabeza de Bóveda para que este consiguiera el gol de la victoria.

Una victoria que sabe a oro. Sin olvidarnos de las carencias del equipo, estamos muy verdes, demasiado, pero solo el tiempo puede curar algo así, y lo mejor es acompañarlo de buenos resultados.

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