La semilla del odio

No olvidará Iago Aspas la fecha del 23 de octubre de 2016. Tras muchos intentos fallidos, el de Moaña, lograba anotar en un partido oficial contra el Deportivo. Se le resistía al delantero del Celta el gol contra el eterno rival que llegó, por fin, en este derbi que no se olvidará.

Permanecerá en la retina de los aficionados de ambos equipos por la goleada del conjunto vigués. El derbi de la concordia entre las aficiones, con llamamientos a la sensatez y al disfrute de lo puramente deportivo. Cuentos para niños que el delantero celtarra dinamitó trascurridos sesenta minutos de encuentro.
Penalti cometido por Sidnei, tras golpear el balón de forma involuntaria con la mano y allá se dispuso Iago Aspas a romper su particular maleficio. Ejecución perfecta, gol y comienzo del “show”. Carrera hacia los aficionados blanquiazules presentes en la grada de Balaídos, señalando el escudo con actitud claramente desafiante y provocadora. Cuando no puedes digerir los éxitos del eterno rival suceden estas cosas. Cualquier mínima victoria se magnifica para equipararte con ellos, pero las vitrinas de la sala de trofeos no engañan a nadie.
Mucho odio se percibía en esta corta carrera desde la portería de Lux hasta la grada deportivista que, perpleja, enloquecía ante tal provocación. Ningún sentimiento de alegría ni complicidad con sus compañeros. Ningún atisbo de felicidad con su afición, que lo idolatra. El “genio de Moaña” tenía muy claro contra quién debía descargar su odio. Setecientas almas deportivistas no olvidarán el despecho y la chulería de un personaje infantil y maleducado, a la vez que genial futbolista (lo cortés no quita lo valiente); que demostró en el pasado que no sabía perder y que ha dejado patente que tampoco sabe ganar.

Sorprendente para algunos, esperada por otros, la celebración de ese 2-1 momentáneo será un antes y un después en la relación Aspas-afición del Deportivo. No había sido idílica precisamente, más bien todo lo contrario. Pero la afrenta sufrida por el deportivismo en Balaídos puede provocar que la semilla del odio, que ha sembrado con su celebración Iago Aspas, tenga consecuencias imprevisibles. A mayores volvió a repetir su esperpéntico espectáculo cuando marcó su segunda diana, haciendo sangre de una hinchada que sufría viendo como los suyos no estaban a la altura de un derbi digno.

Riazor espera ansioso el siguiente derbi, esperando resarcirse de la afrenta recibida en Balaídos. Y todas las miradas estarán fijas en el 10 celtista. Esperemos que la afición deportivista no caiga en esta provocación y demuestre su categoría. Sentidiño.

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