¿Por qué se hundió el Dépor de Natxo?

Dos días después de caer eliminados de la promoción de ascenso con el Real Zaragoza, Natxo González y su staff técnico anunciaron que no continuarían en el club aragonés. Su nuevo destino, A Coruña. Su siguiente reto, devolver a Primera División a todo un campeón de liga. Nueve meses duró la aventura. Fueron 33 partidos, con 13 victorias, 15 empates y 5 derrotas. Un inicio ilusionante y un final incomprensible, así fue la etapa de Natxo al frente del Deportivo. Debo admitir que su fichaje despertó en mí una ilusión bárbara. Sus dos grandes temporadas en los banquillos de Reus y Zaragoza me parecían un aval más que suficiente como para soñar con algo grande. Ese sueño terminó en pesadilla.

El Zaragoza de Natxo: el león volvió a rugir

El técnico vitoriano llegó a Riazor catapultado por su gran labor al frente del Zaragoza. El conjunto maño fue uno de los mejores equipos de la temporada 2017/2018 en la Liga SmartBank. Tras una primera vuelta en la que llegó a coquetear con las plazas de descenso, los de Natxo protagonizaron una remontada épica en la segunda parte de la campaña. Comandados por los goles de Borja Iglesias y con un once plagado de canteranos, el Zaragoza volvió a disputar un play off de ascenso tres temporadas después. Los blanquillos partían como favoritos, pero se toparon con el Numancia de Aitor Fernández. El arquero vasco silenció a La Romareda con una actuación espectacular y Diamanka anotó un gol en el descuento para terminar con el sueño del ascenso.

Natxo González sentado en el banquillo de Riazor

Sin embargo y pese a su polémica salida, Natxo González logró implantar en Zaragoza una filosofía que hoy está dando éxito. Fue el encargado de sembrar el terreno de un proyecto ambicioso y ganador. Con el objetivo de repetir algo parecido, Carmelo del Pozo lo incorporó al proyecto del Deportivo.

La media inglesa como plan de ascenso

Los primeros meses de Natxo González al frente del club coruñés lograron despertar la ilusión del aficionado. El equipo se ajustó a lo que comúnmente se conoce como la media inglesa: infranqueables en casa e imbatibles como visitantes. El Deportivo logró hacer de Riazor un fortín y en sus salidas conseguía no perder. A base de victorias y empates, el equipo se situó en los puestos altos de la tabla. Sí, ese Dépor tenía dos caras. En Riazor el equipo se mostró aplastante frente a sus rivales. Era imposible sumar los tres puntos si jugabas de visitante. De los nueve primeros encuentros disputados en el feudo herculino, siete se saldaron con victoria local y los otros dos terminaron en tablas. Sin embargo, lejos de A Coruña el equipo mostraba una cara muy distinta. Un equipo sólido, práctico pero poco atrevido. Se arriesgaba poco para evitar perder. El plan funcionaba. En pleno diciembre, con cuatro meses de competición ya disputados, los de Natxo solo sumaban una derrota en su casillero. Jagoba Arrasate, técnico de Osasuna, fue sincero en su visita a Riazor: “La pregunta no es si ascenderá el Dépor. Lo que tenemos que preguntarnos es cuándo lo hará“.

Una caída cuesta abajo y sin frenos

El mercado invernal trajo consigo terribles consecuencias para el proyecto de Carmelo y Natxo. La marcha de Carles Gil rumbo a la MLS y la falta de un sustituto natural propiciaron el primer varapalo. Tras no llegar a un acuerdo con el Getafe para el fichaje de Gaku Shibasaki, llegó Nahuel Leiva. Un jugador de banda para ocupar la plaza del mediapunta valenciano. Ese cambio de piezas, sumado a las lesiones importantes de Fede Cartabia y Carlos Fernández, obligaron a Natxo a modificar su esquema. Sin un jugador que uniera el mediocampo con la delantera, resultaba muy difícil mantener el rombo en la media. El preparador vasco apostó por cambiar su propuesta y el equipo nunca volvió a ser el de antes. Pese a las victorias importantes en El Molinón y Los Cármenes, el equipo comenzó a generar dudas como local. Riazor, poco a poco, iba perdiendo su poder.

Aquel fatídico mes de marzo

Si analizamos la corta pero intensa vida del Dépor de Natxo, es imprescindible remontarse al mes de marzo de 2019. Pese al pequeño bajón físico y de juego que sufrió el equipo al comienzo de la segunda vuelta, el Deportivo afrontaba el tercer mes del año con plenas opciones de ascenso. Cerca siempre de los dos primeros puestos, los herculinos gozaban de un calendario muy favorable. Nunca unas expectativas resultaron tan distintas a la realidad. Riazor sería protagonista de ese fatídico mes. El Deportivo recibía como local a Alcorcón, Las Palmas y Almería antes de visitar el Carlos Tartiere para enfrentarse al Real Oviedo. Cabe destacar que, a mediados de mes, al equipo coruñés se le otorgaron tres puntos de manera automática debido a la descalificación del Reus. De ganar los tres partidos que se disputaban en Riazor, el Dépor iniciaría el mes de abril en puestos de ascenso directo. No se ganó ninguno. El pésimo rendimiento del equipo en un momento clave de la temporada provocó el cese de Natxo a principios de abril.

Natxo González dirigiendo al Dépor en El Molinón

¿Qué funcionó en Zaragoza y falló en A Coruña?

La comparaciones son odiosas, como bien dice el refrán. Al estar dirigidos por el mismo técnico, el Zaragoza de la temporada 2017-2018 y el Deportivo de la 2018-2019 tienen muchos aspectos en común. Natxo González aplicó los mismo métodos en Zaragoza que en A Coruña. De hecho, en el apartado táctico, ambos conjuntos eran fácilmente identificables por su estilo y esquema. Ese famoso 4-4-2 en rombo que acompañará para siempre al recuerdo de Natxo González en la ciudad de cristal. Hablar de ese Zaragoza y de ese Deportivo es hablar de dos equipos de autor. Sin embargo, sus trayectorias fueron totalmente diferentes. En la capital aragonesa, Natxo comandó un equipo que fue de menos a más. El momento crítico para el entrenador vitoriano tuvo lugar a mediados de la primera vuelta, cuando el equipo se encontraba cerca de la zona de descenso. Fue entonces cuando emergió la figura de Lalo Arantegui. El director deportivo zaragocista no dudó en apostar por la continuidad de Natxo cuando peor pintaban las cosas. La secretaría técnica entendió que se trataba de un proyecto que requería tiempo y paciencia. Acertaron de pleno. El Zaragoza se convirtió en un ciclón durante la segunda vuelta y terminó la temporada en tercera posición. Al año siguiente y en tierras coruñesas, ocurrió todo lo contrario. El equipo fue de más a menos. Quizás la paciencia que tuvo Arantegui en Zaragoza, fue la que le faltó a Carmelo del Pozo en A Coruña. No olvidemos que, cuando se destituye a Natxo, el Dépor ocupaba la zona de play off, a dos partidos del ascenso directo.

En lo que a la pizarra respecta, el paso de Natxo por el Deportivo me dejó ciertas dudas que todavía hoy no he logrado resolver. Pude ver muchos partidos del Zaragoza entrenado por el preparador vasco y sabía de la importancia que tenían jugadores como Íñigo Eugaras y Javi Ros en su esquema. Para un equipo que apuesta por salir jugando desde atrás, es vital tener ese jugador que sepa actuar de ‘5’ para situarse entre centrales y ayudar a superar la primera línea de presión rival. Es por eso que yo, iluso de mí, esperaba que Pedro Mosquera tuviera un papel protagonista en el Deportivo de Natxo. El centrocampista coruñés era uno de los mejores en su puesto de la Liga SmartBank y tenerlo en el banquillo – como lo habían hecho los anteriores entrenadores – me parecía un pecado. Los datos son datos, no mienten. Y los datos nos muestran una conclusión clara: el Dépor de la pasada campaña sumaba más puntos con Mosquera sobre el verde que lejos de él. No obstante, ‘Pit’ nunca fue un jugador indiscutible para Natxo González. Más bien lo contrario. Durante muchos partidos, Mosquera estuvo condenado al más absoluto ostracismo. El imposible saber qué hubiese sido del Deportivo si Natxo hubiera confiado más en Mosquera, pero sí sabemos cómo rindió el Zaragoza cuando el mismo técnico le entregó el timón del equipo a Íñigo Eugaras.

“El fútbol es un estado de ánimo”

Con el permiso de Jorge Valdano, quiero apoyarme en su famosa cita para explicar el porqué del fin de la era Natxo en el Deportivo. El equipo no supo sobreponerse al bloqueo mental y de juego que le provocaron los malos resultados del mes de marzo. Si miramos un partido de ese Dépor a principios de temporada y lo comparamos con el último partido de Natxo en Riazor, frente al Rayo Majadahonda, encontramos dos equipos totalmente diferentes. En su despedida, el técnico confesó que el peso del escudo había hecho mella en muchos jugadores. Volviendo al Zaragoza de hace un par de temporadas, una victoria por la mínima en El Molinón supuso el inicio de una remontada épica. Quién sabe qué habría pasado si Natxo llega a sentarse en el banquillo de El Sadar y el Dépor hubiera ganado al Osasuna. Porque sí, el fútbol es un estado de ánimo.

 

Natxo González tras la derrota ante el Rayo Majadahonda en Riazor
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