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Se diluye el efecto “Luís César”





El técnico gallego fue el elegido para sustituir a Juan Antonio Anquela, que ya comenzó con mal pie su andadura en el Dépor desde el primer minuto de su elección como inquilino del banquillo deportivista.

Tras un inicio desolador, con el sexto presupuesto de la categoría, el jienense fue fulminado por la directiva buscando reactivar a una plantilla que “cuentan”, está diseñada para otras cosas. Luis César Sampedro llegaba a un Dépor que daba la sensación de que sólo podía ir hacia arriba. Así mismo se encargaban de manifestarlo todos los protagonistas que se disfrazan de futbolista domingo tras domingo. “A peor no se puede ir”. Y semanalmente la situación empeora hasta un extremo en el que ya se han encendido todas las alarmas posibles que señalan el camino a la segunda B y, quien sabe, a una posible desaparición.

En esta situación delicadísima, con mucho que remendar; el entrenador de Arousa debía insuflar un soplo de aire fresco a una plantilla y una afición que viven en estado de depresión permanente. Cuatro jornadas después los síntomas del enfermo siguen sin mejorar. Derrotas frente a Las Palmas (casi sin tiempo para manejar la situación) y Málaga en Riazor, dilapidaron el efecto novedad. A entrenador nuevo, ya teníamos dos derrotas más. Luego llegó el empate en Santander con una segunda parte que dejó ver cierto margen de mejora y esperanza para un equipo que necesita una “transfusión” de victoria para levantarse del coma.

Esos brotes verdes se encargó el propio equipo de segarlos la semana pasada en Fuenlabrada. Otro partido horrible (ya se perdió la cuenta) con unas sensaciones muy malas. Sin ideas en la salida del balón, con un porcentaje de pérdidas de balón y efectividad en el pase propio de cualquier equipo de barrio; el Dépor rascó un punto poco menos que milagroso.

Dos puntos de doce posibles. Ninguna victoria, siete goles en contra y sólo dos a favor. Sin ideas ni resultados. Si la idea del Consejo de Administración era reactivar al Dépor con la llegada de Luis César, poco o nada ha cambiado. Se diluye el efecto “entrenador nuevo” y se enciende de nuevo esta maquinaria de destrozar entrenadores llamada Dépor. Esa pregunta absurda que se hacían algunos el 7 de octubre, comienza a tornarse lúcida transcurrido un mes después de su llegada. ¿Se comerá Luis César el turrón?

José López Barea

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