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Sin memoria

En tiempos convulsos para el deportivismo y tras el enésimo fracaso en la elección de entrenador por parte de Constantino Fernández, un nombre emergió por encima de todos antes de la elección de Pep Martí como nuevo director de la orquesta blanquiazul.

Fernando Vázquez sonó con fuerza en las horas que acontecieron desde el despido fulminante de Natxo González hasta que el presidente de la entidad y el director deportivo presentaron al nuevo entrenador del Dépor.

Muchos deportivistas no olvidan la afrenta que sufrió el de Castrofeito cuando en julio de 2014 fue sentenciado y finiquitado por unas declaraciones inoportunas sobre la confección de la plantilla para esa temporada. Tampoco olvidan esos mismo deportivistas que Fernando Vázquez, la temporada anterior, había alcanzado la gloria al ascender a un equipo con una plantilla bajo mínimos. Por eso muchos de esos deportivistas veían la oportunidad de congraciarse de nuevo con el míster gallego y darle las riendas de un equipo que está pasando por una crisis deportiva y existencial casi sin precedentes. 

Ante estas voces que pedían su vuelta, otro sector en las redes sociales  y las tertulias de a pie se ocupaban de menospreciar el trabajo de Fernando Vázquez en esa temporada y en la anterior 13/14, donde casi logra el milagro de evitar un descenso cantado. Una afición sin memoria que no veía nada de especial en aquellas temporadas y que incluso se jactaba de la mediocridad de juego y resultados.

Pero las hemerotecas y los resultados no engañan a nadie. Y hay datos que se olvidan en la memoria y desvirtúan las gestas deportivas que se vivieron en Coruña por aquellos tiempos. Tiempos de marea gruesa, de vida o muerte. No recuerdan esos que critican, que tras un catastrófico inicio de temporada con muy malos resultados, donde José Luis Oltra y Domingos Paciencia no lograron parar la hemorragia; Lendoiro eligió al  entrenador gallego para reconducir la situación. Y casi logra la proeza. Los “sí se puede” todavía se escuchan cuando se pasea por la playa de Riazor. Tardes de carreras por los alrededores de las gradas con el puño cerrado. Mirando a la cara de los aficionados diciendo: “os lo dije, sí se puede”. Tardes de Riazor Blues saltando al estadio para animar en un entrenamiento y orgullo pese a la no consecución del objetivo final. Se entregó el alma y no se le pudo poner un pero al trabajo de nadie de esa plantilla. Riazor dictó sentencia ese día y los que pudimos asistir al estadio sabíamos que el ascenso a primera estaba cerca.

Pero ese verano de 2013 las cosas no iban a ponerse fáciles para la entidad. Un 31 de Julio de infarto donde nuestro Club centenario se jugó la viabilidad y todo se resolvió con un acuerdo con la AFE y la LFP para mantenerse con vida. Pero ese acuerdo y la posterior firma del convenio de acreedores, dejaría al Deportivo en una situación límite. Pocos recuerdan que el club tuvo un límite salarial para la confección de la plantilla de 3.4 millones de euros. Con esta delicada situación financiera el Dépor afrontó el ascenso a primera con la siguiente plantilla:

PORTEROS: 1 Lux, 13 Fabricio, 26 David Gómez y 27 Marc Martínez.

DEFENSAS: 2 Manuel Pablo, 5 Marchena, 15 Laure, 16 Luisinho, 17 Ayoze (baja en invierno), 22 Seoane, 23 Kaká (baja en invierno), 23 Lopo (fichado en invierno), 28 Insua, 29 Uxío, 34 Deák y 35 Quique Fornos.

CENTROCAMPISTAS: 3 Sissoko (fichado en invierno), 4 Álex Bergantiños, 7 Antonio Núñez, 8 Rudy (baja en invierno), 10 Juan Domínguez, 14 Rabello (fichado en invierno), 16 Bruno Gama (baja en septiembre), 19 Culio (baja en invierno), 20 Wilk, 25 Juan Carlos, 30 Bicho, 31 Teles y 33 Cañi.

DELANTEROS: 9 Borja Bastón, 11 Arizmendi, 17 Salomão (fichado en invierno), 18 Toché (fichado en invierno), 19 Ifrán (fichado en invierno), 24 Luis Fernández y 32 Dani Iglesias.

Es cierto que por las necesidades, pero en pocas ocasiones se ha visto una plantilla del Dépor con tan pocas fichas profesionales y con tantos jugadores del filial. Pese a estas dificultades, Fernando Vázquez consiguió el objetivo marcado al inicio de temporada. Y ya con Constantino Fernández en la presidencia del club y tras unas duras elecciones (otro escollo más), Marchena le dio a la afición deportivista una de las mayores alegrías de los últimos tiempos. Su gol ante el Jaén CF catapultó al equipo a la élite del fútbol español  y  el lema de “Primera para siempre” inundó las calles de A Coruña.

De aquellos tiempos y con la tranquilidad del análisis objetivo, se puede aceptar que el Dépor de aquella temporada no va a ser recordado como el adalid del fútbol de ataque ni como un ejemplo de un modelo preciosista. Los Guardiola, Cruyff y Menotti no recordarán ni medio segundo de aquella temporada. Pero afirmar, cómo se está haciendo públicamente, que el trabajo de Fernando Vázquez fue un fracaso o simplemente mediocre (mientras estuvo en el Deportivo), es el mayor ejercicio de “Alzheimer futbolístico” que un deportivista podría hacer.

 

 

 

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