“¡Un derbi inolvidable!” por Susana Otlet

Todo empezó a las 4:55 el despertador sonaba, era la hora de levantarse y prepararse. Había que estar bien despejados para coger el coche y desplazarnos hasta Melide, donde nos esperaba uno de los autocares para llevarnos a Balaídos.

Por fin llegaba el día, ese día con el soñábamos al principio de liga cuando veíamos el calendario, ese día que nos ha mantenido ansiosos durante toda la semana. Este día sería grande.

Partimos y la meteorología no estaba de nuestra parte, de camino el termómetro llego a marcar 1ºC y la lluvia nos hacia reducir la velocidad, no pasaba nada. Nada iba a impedirnos llegar a tiempo.

Al llegar a Melide nos asombramos con la afición cantando bajo la lluvia iluminando ese cielo encapotado con bengalas, la gente tenía bien claro que habría que animar.

El viaje llevadero en el bus la gente se arrancaba, todo el mundo conocía el repertorio blanquiazul pero el tema estrella  el mítico “VIGO NO”.

Frente a la isla de San Simón, nos agrupan a varios autocares en una estación de servicio. Toca bajar a estirar las piernas, última parada antes de tomar rumbo a Balaídos. Cacheos, incautaciones de bebidas alcohólicas y diversos objetos. Pero todo con respeto, buen trato entre aficionados  y policía.

Esperamos a más autocares, en total unos diez u once, y tal cual en el cole, vamos en fila india.

Una fila de autobús, furgón de policía, 2 autobuses, furgón… Que ilusión nos hacia encontrarnos con gente por la carretera que nos aplaudía y sin reparo ninguno enseñaban sus bufandas y camisetas blanquiazules por la ventanilla.

Sorpresa al ver que nos metían por la zona franca de Vigo, ahí no comprendíamos que de esa forma hubiese autobuses que se negaran a trasladarnos desde Coruña. De nuevo hubo que esperar, no importaba todo sería por una buena causa. El ver que el equipo pasaba por nuestro lado nos dio ánimo para seguir aguantando la espera, y volver a entonar cánticos.

Ya en el estadio, quedamos sorprendidos por la situación en la que se encontraba. Agua entre los asientos, imposible mantener los pies durante 90  min en el suelo, asique todos para el asiento, la entrada por las escaleras, los fosos… Pero las vistas perfectas. Con el primer gol lo celebramos incrédulos por la trempraned, pero sabíamos que quedaba mucho partido.

En el descanso la meteorología nos recordó que ella también quería ser protagonista y toco almorzar bocadillos algo aguados. El segundo gol nos hacia soñar y pensar ufff que si q si ganamos. Pronto volvimos a la tierra. Dos goles enmudecieron por un pequeño instante Rio lateral. El gol de Borja despertó el apoteosis, lo celebramos con los de alado, los de arriba, los de abajo. Todo el mundo era perfecto. Ganábamos en el último minuto, y cuando hacen más daño los goles. La grada era toda una fiesta.

Gran comportamiento de los jugadores viniéndolo a celebrar con nosotros, también el salir en chanclas media hora después del partido. Botando al son de ¡que bote Riazor!

No tiene precio, el camino de vuelta se hizo algo más cansado pero orgullosos de nuestro equipo, orgullosos de nuestro DÉPOR DE PRIMERA.

En mi caso, primer partido que iba a ver a mi equipo como visitante. Una experiencia inolvidable.

Una experiencia que espero volverla a vivir.

-Susana Otlet

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